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Capítulo Uno
Henry y Ribs*
Henry Huggins estaba en tercer grado. Tenía el pelo como
cepillo delimpiar piso y ya había mudado los dientes. Vivía
con su mamáy su papá en una casa blanea cuadrada en
la calle Klickitat. Aparte dela operación de las amígdalas
a los seis años, y del brazoroto cuando se cayó de
un cerezo a los siete, muy poco le sucedía aHenry.
Oialá pasara algo emocionante, pensaba Henry a menudo.
Pero nunca le pasaba nada interesante a Henry, sino hasta un miércolespor
la tarde del mes de marzo. Todos los miércoles después
de claseHenry iba en autobu's a la "Y. M. C. A.", a nadar.
Nadaba una hora, se ibaotra vez en autobús, y Ilegaba a su
casa exactamente a la. hora de lacena. Eso le gustaba, pero no era
nada. del otro mundo.
Cuando Henry salió de la. "Y. M. C. A. " ese miercoles,
se detuvo amirar a un hombre que estaba quitando un cartel del circo.
Luego, con tresmonedas de cinco centavos y una de diez en el bolsillo,
se dirigió a la.farmacia de la esquina a comprar un helado
de chocolate en barquillo.Creía que iba a comerse el helado,
subir al autobús, echar susdiez centavos en la ranura y andar
hasta Ilegar a su casa.
Pero no fue eso lo que pasó.
Compró el barquillo y pagó con una de sus monedas
de cinco. A la.salida. de la farmacia se detuvo a mirar las historietas
cómicas. Era unvistazo gratis, porque sólo le quedaban
dos monedas de cinco.
Estaba allí parado, chupando su helado de chocolate y leyendo
una de lashistorietas cuando oyó un pum, pum, pum. Henry
se volteó y vio a unperro allí a su espalda, rascándose.
El perro, no era de ningunaraza especial. Era muy pequeño
para, ser perro grande, pero, por otraparte, era demasiado, grande
para ser perro, chico. No era blanco porquetenía partes color
café y partes negras y entre, ellastenía manchas amarillentas.
Tenía las orejas paradas y la colalarga y rala.
El perro, tenía hambre. Cuando Henry chupaba, éI
chupaba. CuandoHenry tragaba, éI tragaba.
-- Hola, perrillo, -- dijo Henry. -- Este helado, no es para ti.
La cola hizo juip, juip, juip. Los ojos cafés pareclan decir:"Sólo,
un poquito.
-- Vete, -- le ordenó Henry. Pero no lo, dijo muy fuerte.
Y le, dio unaspalmaditas en la cabeza.
El perro meneaba la, cola más y más. Henry chupó
unaúltima vez. -- Ay, está bien, -- dijo. -- Si tienes
tantahambre, pues cómetelo.
El barquillo de helado desapareció de un mordisco.
-- Ahora vete, -- le dijo Henry al perro. -- Yo tengo que tomar
elautobús para irme a casa.
El chico se dirigió a la puerta. El perro tambi6n.
-- Vete, perro flacucho. -- Henry no lo dijo en voz muy alta. --
Vete a tucasa.
El perro se echó a los pies de Henry. Henry miró
al perro y elperro miró a Henry.
-- Yo creo que tú no tienes casa. Estás tan terriblemente
flaco.Las costillas se te salen.
Pum, pum, pum, contestó la cola.
-- Y no tienes collar, -- dijo Henry.
El chico se puso a pensar. ¡Si se pudiera quedar con el perro!
Élsiempre había querido tener un perro propio y ahora
se habíaencontrado un perro que lo quenía a él.
¡No podía irse asu casa y dejar a un perro con hambre
en la calle!
¡Qué dirían su mamá y su papá!
Tocó las dosmonedas de cinco que tenía en el bolsillo.
¡Ya! Usaría unapara telefonear a su mamá.
-- Vamos, Ribsy. Vamos, Ribs, mi viejo. Te voy a Ilamar Ribsy porque
eres tanflaco.
El perro salió trotando detrás del chico hasta la
caseta delteléfono en la esquina de la farmacia. Henry lo
metió en lacaseta y cerró la puerta. Él jamás
había usado unteléfono público. Tuvo que poner
la guía telefónicaen el piso y pararse en puntillas
para alcanzar la bocina. Le dio elnúmero a la telefonista
y echó una moneda en la cajilla.
-- Aló... ¿Mamá?
-- ¡Vaya, es Henry! -- Su mamá parecía sorprendida.
-- ¿Dónde estás?
-- En la farmacia al pie de la "Y. M. C. A."
Ribs empezó a rascarse. Pum, pum, pum. Dentro de la caseta
los golpessonaban fuertes y retumbantes.
-- Por el amor de Dios, Henry, ¿qué es ese ruido?
-- lepreguntó su mamá.
Ribs se puso a gemir primero y luego a aullar. -- Henry, -- grit¿
laSra. Huggins, -- ¿estás bien?
-- Sí, estoy bien,-- contestó Henry también
a gritos. Élnunca podía entender por qué su
mamá pensaba siempre que aél le pasaba algo cuando
no le pasaba nada. -- Es Ribsy, nomás.
-- ¿Ribsy? -- Su mamá estaba exaltada. -- Henry,
¿puedeshacerme el favor de decirme qué es lo que pasa?
-- Es lo que estoy tratando de hacer, -- dijo Henry. Ribsy aullómás
fuerte. La gente se estaba juntando alrededor de la caseta paraver
lo que pasaba. -- Mamá, me encontré un perro. ¡Cómome
gustaría quedarme con él! Es un perro bueno y yo me
encargo dedarle la comida y de bañarlo y todo lo demás.
Por favor, mami.
-- No sé, mi amor. -- dijo su mamá. -- Tienes que
pedirle permiso atu papá.
-- ¡Mamá!- se lamentó Henry. -- ¡Eso
es lo que tú medices siempre! Henry se hallaba cansado de
estar en puntillas; además,en la caseta se sentía
mucho calor. -- ¡Mamá, por favor, dimeque sí
y jamás pediré otra cosa en toda mi vida!
-- Bueno, está bien, Henry. Creo que no hay razón
para que notengas tu perro. Pero tienes que traerlo en el autobús.
Tu papáanda con el carro hoy y yo no puedo ir por ti. ¿Te
las arreglas?
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